¡Exclusiva!: En Sada sigue todo igual

En Sada todo sigue igual. Tras más de un año en el Gobierno municipal, la coalición formada por Sadamaioría y BNG ha llevado a cabo grandes logros en Sada. La piscina municipal sigue siendo la más cara de Europa. El pabellón se cae a pedazos y los parados deben pagar si quieren usarlo; sus vestuarios han sido declarados zona catastrófica y existe peligro de contagio de cólera. No hay papeleras y la suciedad se acumula en las calles. El Náutico y el hotel siguen abandonados, deteriorándose a pasos agigantados. La Terraza está a punto de desmoronarse pero la Feria modernista continúa celebrándose por todo lo alto. La depuradora sigue apestando y la caca de perro coloniza las aceras. Los parados siguen sin trabajo y los fondos europeos para incentivar empleo se gastan en coachs que vienen de Madrid y demás gilipolleces. El fango sigue en la playa generando un hedor insoportable. El peligro de inundaciones permanece sin que nadie sepa qué medidas se han tomado. No hay ayudas para instalar ascensores en edificios antiguos aunque vivan paralíticos o ancianos, como en otros muchos ayuntamientos. Las Brañas siguen convertidas en un vertedero municipal y las cacicadas para darle trabajo a los amiguitos siguen instauradas, como siempre ha sido en Sada desde tiempos del monchismo primitivo. Los coleguitas se reparten la tarta de las actuaciones y de los puestos de las fiestas. Los parques infantiles siguen en estado ruinoso y dan verdadero asco. Hay una ausencia absoluta de iniciativas culturales más allá de talleres de macramé o clases de yoga. Pero no pasa nada porque siempre nos quedará el Paseo de la fama y esa carpa blanca cutre al lado de la parda de taxis para hacer fiestas de la cerveza, que es lo que importa. Eso sí, estamos en manos de gente joven y progresista que levanta el puño al cantar el himno gallego… muy bien, chavales.

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Pedro J. Panoplia
Pedro J. Panoplia

Adjunto del adjunto del director, esta exótica promesa del periodismo patrio mueve los hilos en esta web. Amado y odiado a partes iguales, transpira neoperiodismo por cada uno de los poros de su piel. Duerme, come, caga y vive en la redacción.

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