Esposa y furcia

A las tías hay que tenerlas en modo sumisión. Especialmente a Amelia, mi esposa. Esposa y furcia. Como debe ser. Teníamos que ser, como en antaño, sus tutores respectivos. Nada de sacar dinero de la cuenta sin nuestro consentimiento, ni trabajar, ni conducir. Y al llegar a casa la cena hecha a plato servido y a escuchar nuestras preocupaciones, como Dios manda.

En la guía de la buena esposa pone: «No le cuentes tus preocupaciones, las suyas siempre son mucho más importantes». Y nada de entrar en lugares de hombres; habría que retomar los clubes solo para hombres y los sitios de té o ganchillo para ellas, con horario de tarde de 17 a 19 h. Y a cargar con los niños en cuanto nosotros llegamos a casa, que para eso están. Y para fregar los cacharros. Yo ni lavavajillas le compro a la mía, que se mueva que sino se pone hecha una foca. Porque eso de que vayan al gimnasio las mujeres son gilipolleces de los yogurines de ahora. Las mujeres tienen que trabajar en casa, quemar las calorías barriendo la casa o cabalgándonos. Los gimnasios son para los maricones y las lesbianas.

Aparato reproductor femenino

El hombre blandengue, al igual que el maricón, son productos del marketing, el neoliberalismo post crepuscular y de los masones feminazis. Tampoco estaría mal establecer la reprimenda educativa ante un acto como una paja mal realizada o una patata mal frita… semejantes barbaridades merecerían un castigo atroz. Y sobre todo, ¡¡NADA DE FUMAR, COÑO!!! Hagamos nuestro el mundo chicho, seamos inspiración de otros, marquemos el inicio de una nueva era, y luego casémonos como dos verdaderos seres humanos. Porque las solteronas feas han conseguido vilipendiar el matrimonio al que ellas jamás podrán llegar. Porque todas las feministas y las solteras son feas de cojones. Por eso son solteras y feministas.

Gil y Gil

Cuando llego a casa, después de que Amelia me traiga las zapatillas, lo primero que le pido es que me haga un buen mamadón. Hay que agradecer la función social de esta mamada conyugal. Y es que, en primer lugar, no me incomoda con sus cosas ya que mientras chupa está callada. Y, en segundo lugar, me quedo tranquilo y me relajo con mayor facilidad mientras me prepara la cena contándome sus mierdas, que salen por una de mis orejas conforme van entrando por la otra. Y debe tragárselo todo sin rechistar, obediente. De lo contrario es como si la felación jamás se hubiese producido.

Nademos contra corriente sin temor a mostrar nuestras pollas enhiestas despuntando al sol, sin avergonzarnos de nuestras vergas, duras y desafiantes. Porque lo que ellas jamás podrán tener es una buena polla, porque lo que envidian es el falo, así es su pobre naturaleza, simple y predecible. Las grandes ideas son el ámbito de los grandes hombres y sus pollas. Ellas que se limiten a prepararnos el café.

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Colaborador

Persona humana que cree que aún es necesario luchar por la libertad en defensa del pensamiento crítico y por la igualdad de credos. Anónimo por vocación y solidario por necesidad.

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